Vivir de la música ha sido, para mí, un gran objetivo. ARTEFACTO fue el proyecto que determinó este camino, convirtiéndose en el motor de la nueva etapa de mi vida que comenzaba en 2007.

Ese primer álbum de ARTEFACTO fue el detonante, en una época en la que no sabía nada acerca de la industria musical. De hecho, considero que en esa época estábamos en un momento donde el valor de la música era muy poco; nadie compraba música, los canales de distribución física morían, los espacios digitales eran rudimentarios y no había muchos modelos de negocio para la música digital. YouTube no monetizaba aún en Colombia, iTunes era una tienda internacional que no funcionaba en el país, y Myspace, siendo “la gran ventana” era una plataforma difícil de manejar, para nada amigable con el usuario y muy compleja en su edición y personalización.

La piratería era algo real, y parecía que, el único camino que teníamos, era seguirnos quejando. En el mundo, sin embargo, estaban sucediendo cosas más interesantes; a pesar de la poca información que había, podía verse una transición que se desarrollaba poco a poco para adaptarse a los cambios que traía el internet y los cada vez más eficientes estudios caseros. Había números y proyectos internacionales que me motivaban a creer que era sólo cuestión de tiempo para que Colombia hiciera parte de este nuevo rumbo de la industria musical, como sucede en los casos en los que somos espectadores de lo que pasa afuera y esperamos pacientemente a que, eso que pasa en otros países, llegue a nuestro territorio. Esta espera se ha hecho menor paulatinamente gracias al mundo digital; sin embargo, aún existe.

En el 2009 tomé la decisión de meterme de lleno; no tenía otra opción. Tenía que empezar de nuevo. Mi anterior camino empresarial había colapsado y se me hacía necesario volver a empezar. En medio de la frustración había algo que tenía muy claro: si debía comenzar de cero, lo haría haciendo lo que amaba y me hacía feliz: la música. Esta decisión definitiva hizo que me enfocara en un cien por ciento en aprender y a estar en tantas partes como me fuera posible. Quería participar, conocer personas, mercados culturales, talleres e involucrarme en negocios alrededor de la música.

Hice un diagnóstico: supe que necesitaba dinero para vivir y un entorno apropiado para empezar a promover mi banda, entonces asumí el rol de manager. De los cuatro integrantes, era yo quien pensaba en negocios y todos confiaron en mí para esto.

Los jingles y audio publicitario fueron una gran opción para empezar. Fue allí donde aprendí la fuerza de la música en las campañas propuestas por las agencias de publicidad a sus clientes y lo mal que lo hacían. No sólo lo hacían mal; era además imposible hablar de derechos y regalías para este tipo de creaciones. Es decir, la vida que soñé como Charlie Harper de Two and a Half Men sería imposible a punta de jingles y cuñas.

Atendí a cuánto llamado encontraba para asistir a un mercado cultural. Las jornadas pedagógicas y las ruedas de negocios que Altavoz implementó para los años 2008 y 2009 fueron reveladoras. Vivía de taller en taller; parecía un carro viejo. Circulart fue la gran puerta para conocer la actualidad de la música en Colombia. Hoy, mirando hacia atrás, estoy profundamente agradecido con la gran gestión de este mercado junto a Octavio Arbeláez y Sergio Arbeláez.

Emprendí un hermoso proyecto con personas que vivían diferentes experiencias en la música pero que tenían objetivos muy comunes. A este proyecto lo llamamos USM (Unión del sector de la Música). Con ellos aprendí a hablar de la cadena productiva de la música, que no son sólo los músicos sino todas las personas que participan: ingenieros, técnicos, comunicadores, medios de comunicación, empresarios, melómanos y todos los demás. Son estos integrantes de la cadena quienes hacen que la música sea una enorme y hermosa industria cultural de la nueva Economía Naranja (descargar libro). En la USM queríamos agremiar, gestionar y realizar proyectos. Queríamos representación y queríamos hacer propuestas para encontrar soluciones a los diferentes problemas que se presentaban para los músicos.

Para el 2010, como respuesta a la necesidad de tener un modelo de distribución de música en nuestro país, creé LaMúsica.fm, una red social para vender música de artistas independientes en Colombia. iTunes no era aún para nosotros los colombianos, entonces, desde mi perspectiva personal, me surgieron algunas preguntas: ¿cómo vender la música de ARTEFACTO y cómo llegar a más personas?

En ese momento lo que hacíamos era recibir correos electrónicos y mensajes en nuestras redes sociales de compradores interesados en nuestros discos. En algunos casos, fuimos nosotros mismos a encontrarnos con el comprador para realizar la transacción, y, en otros, de otras ciudades, por ejemplo, hicimos uso de los envíos por correo para que el seguidor tuviera su disco y así nuestra música llegara más lejos. Me parecía, sin embargo, que debía encontrar una forma distinta que facilitara este proceso, mientras me preguntaba al mismo tiempo por qué no vendíamos tantos discos como queríamos. Vi la necesidad y la oportunidad de resolver la oferta de música en internet para un mercado colombiano que todavía no estaba preparado para hablar de compras por internet, compra de música y uso de redes sociales. “No se vende porque no hay público sensible”, pensaba, y tampoco había mucho conocimiento del comercio electrónico; esto sumado a que no muchas personas tenían tarjeta de crédito y había en general un gran temor sobre su uso en los entornos digitales. La solución que encontré fue facilitar la transacción y no depender de una tarjeta de crédito para hacer la compra de un solo track. Pensaba que sería genial poder comprar una canción con 2.000 pesitos; tan fácil como llegar a una tienda y comprar un refresco, unas papas fritas y una canción. Fue entonces donde logré implementar en la plataforma de LaMúsica.fm la descarga de las canciones ingresando un PIN que podía comprarse en los puntos de Vía Baloto y GANA: el usuario recargaba su cuenta en su perfil personal y compraba las canciones de los artistas que ya habían creado perfiles de artista en la página web. El streaming era un modelo que apenas se estaba gestando.

La idea era genial. ¡Era la primera tienda digital de música en Colombia! Sin embargo, el proyecto necesitaba de tiempo y dinero para consolidarse. Sólo pudimos estar al aire 10 meses. Aunque GANA y Vía Baloto veían con agrado esta nueva iniciativa, no tuvieron la paciencia que requería el proyecto y, al cambiarnos las condiciones iniciales del negocio, la plataforma se hizo insostenible.

Aprendí muchísimo de toda esta experiencia. Entendí que una cosa era distribuir y vender y otras más importantes aún eran administrar derechos patrimoniales y mercadear. El mercadeo digital era algo nuevo para mí. Los derechos patrimoniales eran un tema bien escabroso, que como es costumbre de los músicos, prefería evitar. Sayco me llamó y me cobró por el uso de los derechos en LaMúsica.fm. Mi primera reacción fue decirles que no fueran “atrevidos y ladrones” en una reacción natural a mi ignorancia y prejuicios contra la institución (sistema, ¡maldito sistema!) y más con Sayco, pero pronto entendí que era yo el atrevido al intentar construir un negocio de música, más aún, VIVIR DE LA MÚSICA, sin conocer sobre derechos de autor. Comprendí que debía prepararme y fue increíble lo que empecé a entender día a día sobre los derechos de autor y esa gran ventaja que tenemos los creadores de éstos. Son nuestros ingresos pasivos, son el camino a una independencia económica. Y esa independencia, el sueño de todos, está allí al alcance de quienes somos creadores y propietarios de derechos. Otros tendrán que comprar acciones, propiedades raíz o CDTs. Así como nosotros los músicos tenemos los derechos de autor, también tenemos instituciones, plataformas, nuevos modelos de negocio para monetizarlos y seguir creciendo cada día más. Saber esto fue muy revelador y me propuse a estudiar y entender mucho más este hermoso mundo.

La tienda digital de LaMúsica.fm desapareció pero quedó todo el conocimiento y experiencia. Gracias a mi presencia en mercados culturales tuve la fortuna de conocer y empezar a trabajar con The Orchard, conectándome con la realidad y actualidad en el mundo. Ya era un distribuidor internacional.

No era suficiente con distribuir; el mercadeo era ese gran componente que faltaba. Además de empezar a entender muy bien dónde se generaban los ingresos de los derechos, gestionarlos y hacer una buena administración de ellos con un registro de cada uno de ellos en todo lugar donde fuera posible, era completamente necesario tener una estrategia y hacer un excelente mercadeo, de lo contrario no pasaría nada. El mercadeo digital es el gran camino para resolverlo. Hoy en día están dadas todas las condiciones para hacerlo, excelentes plataformas de mercadeo como las redes sociales, Facebook, Twitter; plataformas de streaming como Spotify, Deezer, Google play y Youtube con modelos económicos que han ido evolucionando permitiendo generar ingresos por derechos de autor a creadores. Algo que pocos artistas de otras áreas tienen en la actualidad. Considero que los músicos estamos viviendo un momento ideal para consolidar nuestros proyectos y generar ingresos. Estos modelos están en permanente evolución y debemos conocerlos, aprovecharlos y estar preparados para los rápidos cambios que vendrán… Adaptarnos con propiedad.

Y ése justamente ha sido el reto de estos últimos dos años: consolidar LaMúsica.fm en la administración de derechos y en mercadeo digital, convirtiéndonos en una agencia de música y administradores de derechos patrimoniales. Nos hemos fortalecido como equipo de trabajo y de estudio para poder llevar a cabo cada una de esas muchas tareas que se requieren para cumplir los objetivos de hacer productivo un proyecto musical. Creo que tanta ignorancia/rebeldía, prejuicios y esa condición extraña de muchos músicos de pelear con los asuntos legales, administrativos, de mercadeo y el dinero, hacen que se alejen completamente de las posibilidades de pertenecer a esta nueva industria musical, a hacer parte de la economía naranja y de trabajar en red.

Hace varios años soñaba con escribir y compartir todas estas experiencias. A través de conferencias y talleres, que hemos llamado Saberes Digitales, he tenido la gran oportunidad de compartir información que considero puede cambiar la vida de muchos, así como me la cambió una charla de Juan Felipe Arango, Gabriel Vallejo y Juancho Valencia alrededor del año 2008, donde contaban sus experiencia con Puerto Candelaria y Merlín Producciones. Después de escucharlos, salí convencido de que yo quería hacer lo que ellos hacían. Fue un momento inspirador.

Ahora estos Saberes Digitales también estarán en este blog. Aquí escribiremos, criticaremos y reflexionaremos. Queremos orientar y motivar. También queremos invitar a amigos que tienen información de mucho valor para que la compartamos en este blog.

Estoy totalmente convencido de que el conocimiento es la gran clave. Desde muy joven lo he escuchado pero es realmente ahora que tengo conciencia del valor del aprendizaje constante y de la exploración de nuevos saberes y aptitudes para sobresalir. Un músico que solo hace música tendrá un viaje desorientado donde tal vez no llegue muy lejos en sus aspiraciones de vivir de la música. No es lo mismo ser un músico profesional que un profesional de la música.

Algunas veces solo necesitas una guía que te brinde la información necesaria para empezar y estar en el entorno adecuado con personas y proyectos que te impulsen e inspiren; donde se comparta buena información y se concentren personas optimistas y talentosas para desarrollar proyectos, para salirse de los prejuicios y la quejadera natural.

El camino está abierto y el conocimiento se encuentra en todas partes, ahora queremos que hagas parte de esto, que nos movamos juntos entendiendo la oportunidad que en este momento se está gestando de transformar, construir y crear la industria que queremos: nuestra industria colombiana.

Conectémonos, reconozcámonos en este rumbo que nos interesa a todos, valoremos cada eslabón de esta cadena y aprendamos en este nuevo espacio Saberes Digitales.